¿Qué dice la Biblia sobre la muerte?
La muerte nos pasa a todos, sin importar edad, raza, género, religión o condición social. La muerte conquistó a Alejandro Magno y a Julio César, pero también al vecino Juan. Las teorías de grandes eruditos como Einstein o Stephen Hawking sobre lo que le ocurre a una persona después de la muerte no pueden probarse ni refutarse científicamente. Pero ¿qué dice la Biblia sobre la muerte?
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La muerte como un sueño
Uno de los milagros más significativos de Jesús registrados en la Biblia fue la resurrección de Lázaro de entre los muertos (Juan 11). Lázaro llevaba cuatro días muerto cuando Jesús lo resucitó. Cuando murió Lázaro, Jesús habló de su muerte como un sueño “Dicho esto, agregó: ‘Nuestro amigo Lázaro duerme, pero voy para despertarlo.’ Entonces, sus discípulos dijeron: ‘Señor, si duerme, sanará.’ Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro, aunque ellos pensaron que hablaba del reposo del sueño. Entonces Jesús les dijo abiertamente: ‘Lázaro ha muerto’” (Juan 11:11-14, RVC).
La Biblia compara la muerte con un sueño más de 50 veces. Después de la muerte estamos dormidos, inconscientes. Cuando dormimos, no somos conscientes del paso del tiempo ni de lo que ocurre a nuestro alrededor. Así también es la muerte. La Biblia dice, “Ciertamente, los que viven saben que un día morirán; pero los muertos nada saben ni nada esperan, porque su memoria queda en el olvido. También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya; y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol” (Eclesiastés 9:5, RVC; también Salmo 146:4 y 115:17). La historia de Lázaro demuestra la verdad de estas afirmaciones. Después de que Lázaro resucitó de entre los muertos, no compartió nada de lo que había visto o experimentó. No tenía nada que compartir excepto que ¡una vez estaba muerto y ahora estaba vivo! No pasó por la experiencia del infierno ni el cielo. Simplemente estaba “durmiendo” en la tumba.
Pedro, el día de Pentecostés, dijo lo mismo del rey David. “Varones hermanos, podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que nuestro patriarca David murió y fue sepultado, y que hoy sabemos dónde está su sepulcro entre nosotros. David mismo no subió a los cielos. . .” (Hechos 2:29, 34). Y es muy posible que el propio David escribió las palabras del Salmo 115 que dicen, “Los muertos, los que han bajado al sepulcro, ya no pueden alabar al Señor” (versículo 17). La Biblia es muy clara en que cuando el cuerpo muere, no hay ninguna parte de la persona que siga viviendo. Todas las partes de la persona mueren hasta el día de la resurrección.
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¿Qué le sucede al alma cuando una persona muere?
Muchos cristianos piensan que el alma es una entidad inmortal dentro de nosotros que sigue viviendo después de la muerte. Pero, ¿qué dice la Biblia?
Al describir la creación de los seres humanos en el principio, la Biblia dice, “Entonces el SEÑOR Dios formó al hombre del polvo de la tierra. Sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre llegó a ser un ser viviente” (Génesis 2:7, RVA). Otras traducciones bíblicas dicen, “y fue el hombre un ser viviente” (RVR1960) o “el hombre se convirtió en un ser con vida” (RVC).
Dios no colocó un alma dentro del ser humano. Formó el cuerpo del polvo de la tierra, y luego infundió su espíritu vivificante en el cuerpo inerte, y el resultado fue un alma, un ser viviente. Cuando una persona muere, ocurre lo contrario. El aliento de la vida abandona el cuerpo y el alma deja de existir.
La Biblia dice que el cuerpo vuelve al polvo y el espíritu (o aliento de vida) vuelve a Dios. “Entonces el polvo volverá a la tierra, de donde fue tomado, y el espíritu volverá a Dios, que lo dio” (Eclesiastés 12:7).
“El día que mueren, vuelven a la tierra, y ese mismo día todos sus planes se acaban” (Salmos 146:4). En la resurrección, Dios devuelve de nuevo al cuerpo el aliento (espíritu) vivificante de Dios, y la persona vuelve a vivir.
Si el alma existiera como entidad separada que sigue viviendo después de la muerte, eso significaría que nosotros tendríamos la inmortalidad. Pablo dice que los justos “buscan gloria, honra e inmortalidad” (Romanos 2:7). Pero, si tuviéramos almas inmortales, ¿por qué los justos buscarían algo que ya tienen? La Biblia dice que los seres humanos no poseen la inmortalidad. Solo Dios es inmortal. “Rey de reyes, y Señor de señores, el único que es inmortal y que habita en luz inaccesible” (1 Timoteo 6:15-16).
¿Hay vida después de la muerte?
Aunque muramos, Jesús dice, “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25). Aunque no somos inmortales ahora, recibiremos la inmortalidad como un regalo cuando venga Jesús otra vez. “Presten atención, que les voy a contar un misterio: No todos moriremos, pero todos seremos transformados en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, cuando suene la trompeta final. Pues la trompeta sonará, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que lo corruptible se vista de incorrupción, y lo mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto, que es corruptible, se haya vestido de incorrupción, y esto, que es mortal, se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: ‘Devorada será la muerte por la victoria’” (1 Corintios 15:51-54).
La Biblia dice que todos los que han muerto, tanto los justos como los malvados, serán resucitados en uno de dos resurrecciones. Los justos resucitarán a la vida en la segunda venida de Jesús. “Sino que el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero” (1 Tesalonicenses 4:16). De acuerdo a este versículo, los justos no van al cielo cuando mueren. Permanecen en sus tumbas hasta que Jesús vuelva y los resucita a vidas inmortales (1 Corintios 15:50-57).
Los malvados son resucitados a la vida en una resurrección distinta de condenación. Jesús dice, “No se asombren de esto: Vendrá el tiempo cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; pero los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Juan 5:28-29).
Los profetas nunca mencionan en la Biblia que los justos van inmediatamente al cielo o que los malvados van al infierno cuando mueren. Tampoco lo enseñaron así Jesús y sus discípulos. Cuando Jesús estaba a punto de dejar a sus discípulos, no les dijo que pronto vendrían a Él. Les dijo que Él vendría a buscarlos a ellos. “No se turbe su corazón. Ustedes creen en Dios; crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchos aposentos. Si así no fuera, ya les hubiera dicho. Así que voy a preparar lugar para ustedes. Y si me voy y les preparo lugar, vendré otra vez, y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, también ustedes estén” (Juan 14:1-3).
Cuando vuelva, nuestros seres queridos que duermen en Cristo se despertarán de sus tumbas. No importa cuánto tiempo haya pasado, fuera corto o largo, se les parecerá un momento nada más. La voz de Jesús, los llamará a despertarse de su profundo sueño y se despertarán a una gloriosa inmortalidad.
“Pues la trompeta sonará, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. . . Y cuando esto, que es corruptible, se haya vestido de incorrupción, y esto, que es mortal, se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra escrita: ‘Devorada será la muerte por la victoria’” (1 Corintios 15:52, 54).
La última sensación era el aguijón de la muerte, su último pensamiento, el de caer bajo el poder de la tumba, pero entonces, imagínate, se despertarán de la tumba y dirán, “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (1 Corintios 15:55).
Ahora los amados hijos de Dios vivirán con Él para toda la eternidad. “Vi entonces un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, y el mar tampoco existía ya. Vi también que la ciudad santa, la nueva Jerusalén, descendía del cielo, de Dios, ataviada como una novia que se adorna para su esposo. Entonces oí que desde el trono salía una potente voz, la cual decía: ‘Aquí está el tabernáculo de Dios con los hombres. Él vivirá con ellos, y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Dios enjugará las lágrimas de los ojos de ellos, y ya no habrá muerte, ni más llanto, ni lamento ni dolor; porque las primeras cosas habrán dejado de existir’” (Apocalipsis 21:1-4). ¿No te gustaría estar allí?
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