¿Los animales van al cielo?

El tema de si los animales y las mascotas van al cielo recibió detenida atención cuando se citó erróneamente al papa Francisco diciendo, “El paraíso está abierto a todas las criaturas de Dios.” Sin embargo, estas palabras fueron pronunciadas en realidad por el papa Pablo IV años antes, y su significado no estaba claro. La pregunta sigue siendo, ¿van nuestras mascotas al cielo cuando mueren?

Una de las historias más conmovedoras de la Biblia es la parábola que el profeta Natán contó al rey David. El profeta contó la historia de un hombre pobre y su cordero mascota. Dijo, “Pero el pobre no tenía más que una sola corderita, que él había comprado y criado, y que había crecido con él y con sus hijos juntamente, comiendo de su bocado y bebiendo de su vaso, y durmiendo en su seno; y la tenía como a una hija” (2 Samuel 12:3).

Como queremos tanto a nuestros animales, a menudo nos surge la pregunta: “¿Estarán nuestras mascotas en el cielo?” Sin embargo, la Biblia no dice nada al respecto. No confirma ni niega la idea de que nuestras mascotas vayan al cielo. 

Todo creado para la gloria de Dios

Sin embargo, hay algunos puntos que podemos considerar. Dios creó todo, incluidos los animales, para su placer y su gloria. La Biblia dice, “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas” (Apocalipsis 4:11). Los seres humanos fueron creados específicamente para la gloria de Dios. “Todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice” (Isaías 43:7). Pero la Biblia habla incluso de objetos inanimadas, como el sol, la luna y las estrellas, alabando a Dios (véase, Salmo 148:3). Por su puesto, sabemos que estos objetos no pueden alabar a Dios de la misma manera que pueden los seres humanos. Sin embargo, alaban a Dios al brillar. Al cumplir el papel que Dios les ha asignado, glorifican a su Creador.

Aunque toda la creación de Dios es para su gloria y placer, los seres humanos fueron creados a la imagen de Dios. Los animales fueron hechos del mismo polvo que los humanos y tienen el mismo aliento de vida que nosotros, pero Dios creó al hombre y a la mujer a su propia imagen y les confió la responsabilidad de supervisar, proteger y disfrutar el resto de su creación.

“Entonces dijo Dios: ‘Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.’ Y dijo Dios: ‘He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer.’ Y fue así” (Génesis 1:26-30).

Tomó pues Jehová Dios al hombre y lo puso en el jardín de Edén, para que lo guardase” (Génesis 2:15, NVRV).

Debido a que los seres humanos podemos razonar, somos capaces de tomar decisiones inteligentes y morales; los animales no pueden hacerlo. Dios no creó a los animales con la capacidad de elegir entre el bien y el mal o de aceptar o rechazar la salvación. Sólo a los seres humanos se les concedió esta capacidad de razonar.

“Y plantó el SEÑOR Dios un jardín en Edén, en el oriente, y puso allí al hombre que había formado. El SEÑOR Dios hizo brotar de la tierra toda clase de árboles atractivos a la vista y buenos para comer; también en medio del jardín, el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal” (Génesis 2:8-9, RVA-2015).

Dios advirtió a Adán y a Eva que no comieran del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, “porque el día que de él comas, ciertamente morirás” (Génesis 2:17). Sólo los seres humanos tienen la capacidad de tomar decisiones morales a favor o en contra de Dios.

  • “Hoy pongo a los cielos y a la tierra por testigos contra ustedes, de que he puesto ante ustedes la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida, para que tú y tu descendencia vivan” (Deuteronomio 30:19, RVC).
  • “Pero si no les parece bien servirle, escojan hoy a quién quieren servir, si a los dioses que sus padres adoraron cuando aún estaban al otro lado del río, o a los dioses que sirven los amorreos en esta tierra donde ahora ustedes viven. Por mi parte, mi casa y yo serviremos al Señor” (Josué 24:15, RVC).

El plan de salvación se ha diseñado para los seres humanos, no para los animales. Dado que los animales no pueden razonar ni tomar decisiones morales, no están incluidos en la salvación que Dios ofrece a los seres humanos. Jesús murió para salvar “a su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21). Somos salvos por medio de nuestra fe en Él. Juan 3:16 dice, “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16). Para ser salvo, uno tiene que creer en Jesús. Pero los animales no pueden ejercer una fe salvadora en Jesús.

¿Veré a mi mascota en el cielo? 

Otra manera de plantea esta pregunta es, “¿Habrá animales en el cielo?” Sí. La creación original de Dios ha sido sometida a la degradación y la decadencia del pecado, pero será restaurada tal como era en el principio. El apóstol Pablo escribió, “La creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza. Por tanto, también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción a la libertad gloriosa de los hijos de Dios” (Romanos 8:20, 21). Aunque nuestros pecados nos han destruido a nosotros mismos y a la naturaleza, Dios lo restaurará todo. Así como los animales formaban parte de la creación original e inmaculada de Dios, también formarán parte del mundo y de la vida cuando Él restaure todo lo nuevo, sin la corrupción del pecado y de la muerte.

  • “Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro, el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará” (Isaías 11:6).
  • La vaca pacerá junto a la osa, sus crías se recostarán juntas; y el león, como el buey, comerá paja. El niño de pecho jugará sobre la cueva de la cobra; el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte, porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar” (Isaías 11:7-9).
  • “El lobo y el cordero serán apacentados juntos; el león comerá paja como el buey y el polvo será el alimento de la serpiente. No afligirán ni harán mal en todo mi santo monte” (Isaías 65:25).

No debemos insistir que Dios ordene las cosas de acuerdo a nuestros deseos y entendimiento. Quizá Dios permita que nuestras queridas mascotas estén con nosotros en el cielo. O tal vez decida crear una nueva mascota para ti. Debemos estar dispuestos a permitir que Dios ordene las cosas como Él considere mejor y confiar en que seremos felices en el cielo. Dios dice, “Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra. De lo pasado no habrá memoria ni vendrá al pensamiento” (Isaías 65:17).

Tal vez no conozcamos todos los detalles de lo que Dios nos tiene preparado en el cielo, pero sí sabemos que será mucho más allá de lo que podamos imaginar. En la Biblia dice, “Cosas que ojo no vio ni oído oyó ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman” (1 Corintios 2:9).

El mejor consejo es que amemos a nuestras mascotas y disfrutemos de su compañía mientras que estén con nosotros y que confiemos en Dios para todo lo que el futuro depare. Él lo ve y sabe todo; nada es imposible para Él. Dios sabe cuánto amamos a nuestras mascotas y lo importante que son para nosotros. La Biblia no aborda directamente si nuestras mascotas estarán con nosotros en el cielo, pero sabemos que Dios nos ama y quiere que seamos felices. La Biblia dice, “No privará del bien a los que andan en integridad.n” (Salmo 84:11, RVC). Podemos confiar en Dios en que el cielo será un lugar lleno de todo lo necesario para nuestra felicidad.